1. El verdadero amor nos hace sentir vulnerables

Una nueva relación es un territorio desconocido, y la mayoría de nosotros tenemos temores naturales hacia lo que no es familiar. Enamorarnos significa que existe un riesgo real. Estamos confiando enormemente en otra persona, permitiendo que ella tenga un efecto sobre nosotros, lo que nos hace sentir expuestos y vulnerables. Nuestras defensas centrales son desafiadas. Cualquier hábito que hayamos tenido durante mucho tiempo y que nos permitiera sentirnos centrados y contenidos es dejado de lado. Tendemos a creer que cuanto más nos importa alguien, más podemos salir lastimados.
2. El nuevo amor remueve las heridas del pasado

Cuando empezamos una relación, rara vez somos completamente conscientes de la forma en que hemos sido impactados por nuestra historia. La manera en que fuimos heridos en relaciones anteriores, desde nuestra infancia, tiene una fuerte influencia en la forma en que percibimos a las personas a quienes nos acercamos, así como también en la forma en que actuamos en nuestras relaciones románticas. Una antigua dinámica negativa puede hacernos desconfiar de los demás, por lo que será más difícil que nos abramos a alguien nuevo. Tendemos a alejarnos de la intimidad, ya que despierta viejos sentimientos de dolor, pérdida, ira o rechazo. Como dijo el Dr. Pat Love en una entrevista con PsychAlive, “cuando anhelas algo, como el amor, también lo asocias con el dolor,” el dolor que sentías en el pasado cuando no podías tener a esa determinada persona
3. El amor desafía una antigua identidad

Muchos de nosotros luchamos con sentimientos que tienen que ver con no sentirnos dignos de ser amados. Tenemos problemas para darnos cuenta de nuestro propio valor y creemos que no le importamos realmente a nadie. Todos tenemos una “voz interior crítica”, que actúa como un cruel entrenador dentro de nuestra cabeza que nos dice que somos inútiles o que no merecemos la felicidad. Este entrenador proviene de las experiencias dolorosas de la infancia y de las actitudes críticas a las que estuvimos expuestos temprano en la vida, así como también de los sentimientos que nuestros padres tenían sobre sí mismos.
Como adultos, estos pensamientos críticos o “voces interiores” se vuelven a menudo perjudiciales y desagradables, pero también son cómodos, porque son familiares. Cuando otra persona nos ve de manera diferente a nuestras voces, cuando nos ama y nos aprecia, es posible que nos sintamos muy incómodos y que estemos a la defensiva, ya que ese trato desafía a nuestra identidad que ha sido definida por medio de la voz crítica interior por un largo tiempo.
4. Con la verdadera alegría viene también el dolor

Cada vez que experimentamos plenamente la verdadera alegría o sentimos el valor de la vida en un nivel emocional, es posible que además experimentemos una gran cantidad de tristeza. Muchos de nosotros rehuimos de las cosas que nos harían más felices, porque también nos hacen sentir dolor. Y lo contrario también ocurre. No podemos adormecernos selectivamente para no sentir tristeza, sin adormecernos también a la alegría. Cuando se trata de enamorarse, es posible que no te atrevas a entregarte por completo por miedo a despertar la tristeza en tu interior.
5. El amor es a menudo desigual

Mucha gente que expresa dudas frente a involucrarse con alguien, explica que es porque ellos “le gustan demasiado” a la otra persona. Les preocupa que si se involucran con aquella persona, sus propios sentimientos no evolucionarán, y terminarán hiriendo a la otra persona. La verdad es que el amor es a menudo un desequilibrio, una persona siente más o menos en distintos momentos. Nuestros sentimientos hacia alguien son una fuerza en constante cambio. En cuestión de segundos, podemos sentir ira, irritación o incluso odiar a una persona que amamos. Preocuparse sobre cómo nos sentiremos nos impide ver a dónde nuestros sentimientos, naturalmente, van. Es mejor estar abiertos a cómo nuestros sentimientos se desarrollan con el tiempo. Permitir que la preocupación o culpa por la forma en que podemos o no sentir, nos impide llegar a conocer a alguien que está expresando un interés en nosotros, y puede impedir que se forme una relación que realmente podría hacernos felices.
6. Las relaciones pueden romper tu conexión con tu familia
Las relaciones son el máximo símbolo de crecimiento. Representan el comienzo de nuestras propias vidas como individuos independientes y autónomos. Este desarrollo también puede representar una separación de nuestra familia. Al igual que el romper con una vieja identidad, esta separación no es física. Esto no quiere decir, literalmente, que vamos a renunciar a nuestra familia, sino más bien que vamos a dejarla ir a un nivel emocional, ya no nos sentiremos como niños y nos apartaremos de aquellas dinámicas más negativas que plagaron nuestras relaciones a temprana edad y que dieron forma a nuestra identidad.
7. El amor despierta temores existenciales

Cuanto más tenemos, más podemos perder. Cuanto más significa una persona para nosotros, más miedo nos da perderla. Cuando nos enamoramos, nos enfrentamos no sólo al miedo de perder a nuestra pareja, además nos volvemos más conscientes de nuestra propia mortalidad. Nuestra vida ahora tiene más valor y significado, por lo que la idea de perderla se vuelve más aterradora. En un intento por cubrir este temor, es posible que nos centremos en las preocupaciones más superficiales, tal vez comencemos una pelea con nuestra pareja o, en casos extremos, renunciemos por completo a la relación.
Rara vez estamos plenamente conscientes de cómo nos defendemos contra estos miedos existenciales. Incluso podemos tratar de racionalizarlo y tener un millón de razones por las que no deberíamos estar en la relación. Sin embargo, las razones que damos pueden tener soluciones viables, y lo que realmente nos está preocupando son esos temores más profundos de pérdida.
La mayoría de las relaciones hacen aparecer una avalancha de desafíos. Conocer nuestros temores hacia la intimidad y la forma en que influyen en nuestro comportamiento es un paso importante para tener una relación satisfactoria a largo plazo. Estos temores pueden estar escondidos bajo diversas justificacionesde por qué las cosas no están funcionando, y puede sorprenderte la cantidad de maneras en que nos auto-saboteamos cuando nos acercamos a otra persona. Si nos conocemos más a nosotros mismos, tenemos una mejor oportunidad de encontrar y mantener el amor verdadero.
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